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Incidencia | Lunes, 19 de mayo de 2014

Cooperación al Desarrollo S.A. A la búsqueda de nuevo modelo

Observatori del Deute en la Globalització


Las organizaciones abajo firmantes queremos hacer explícito mediante este documento el profundo malestar que sentimos ante la decidida apuesta del Gobierno por la transformación de la cooperación para el desarrollo en una nueva forma de inversión empresarial, cuyo objetivo es apoyar a las empresas en su búsqueda de beneficios. A pesar de que en el pasado ya denunciamos que la forma en que se hacía Cooperación Internacional desde el Gobierno servía en parte para avalar el modelo económico capitalista, hoy queremos constatar un fin de ciclo. En él desaparecen aquellas entidades que practicaban una cooperación con objetivos de transformación social y denuncia al sistema. Sin embargo, se mantienen las ONGD’s que han decidido sobrevivir a cambio de vincular sus intereses a los de las grandes empresas transnacionales.

Si bien hasta ahora la empresa privada y el sector financiero habían tenido una función instrumental muy importante en el ámbito de la cooperación, actualmente nos encontramos con que el Estado español ha situado a la empresa privada como agente central y principal de la misma, y al sistema financiero y la herramienta crediticia como su aliado fundamental. Así, aprovechando la coyuntura de la crisis que sufrimos, han impuesto un cambio estructural en el modelo que hasta hace poco desconocíamos. Dado el cambio del contexto económico global, la aparición de las élites de países como China y Brasil ha permitido a Europa desvelar sus verdaderas intenciones en la cooperación, que son asegurar sus intereses geopolíticos y fomentar la expansión de sus empresas multinacionales.

La contraposición de intereses entre la empresa capitalista, cuyo único objetivo es obtener beneficios, y el buen vivir de los pueblos nos permite conocer de antemano cuáles serán los resultados de esta forma transformada de cooperación, que en ningún caso resultarán exitosos para los pueblos. A pesar de que siguen insistiendo en identificar crecimiento económico con desarrollo humano, sabemos que este crecimiento representa el aumento de los beneficios de las empresas, pero también el expolio de los recursos, la explotación de las personas como mano de obra y la destrucción del medio ambiente. Sabemos que no es posible un crecimiento capitalista “sano”, sino que éste siempre tiene lugar en base al crédito y al endeudamiento, generando recurrentemente crisis de sobreendeudamiento y el empeoramiento de las condiciones de la vida.
Nos mostramos beligerantes y decimos no a continuar con las herramientas de anticooperación con las que cuenta el Estado español; herramientas que actúan en sentido contrario al que sería deseable con buenas prácticas en políticas de cooperación. En el pasado, el Estado español contaba con los créditos que proporcionaba el Fondo de Ayuda al Desarrollo (FAD). Dichos créditos beneficiaban principalmente a empresas españolas. Eran créditos condicionados, directa o indirectamente, a la compra de bienes y servicios a empresas españolas. Además generaban deuda externa en los países empobrecidos receptores. El Estado dispone también de la Compañía Española de Seguros de Crédito a la Exportación (CESCE), organismo de propiedad pública aunque participada por el sector financiero y asegurador privado español. La actividad de CESCE genera deuda pública externa en los países empobrecidos cuando se suceden impagos por parte de actores privados. Asimismo apoya la internacionalización de empresas españolas que con su actividad afectan a los Derechos Humanos, los Derechos Laborales, los Derechos de los Pueblos Indígenas, los Derechos de las Mujeres y al medio ambiente.

Recientemente, el FAD ha sido sustituido por otros dos mecanismos que no mejoran la situación, sino que la empeoran. Así, como ya ocurría con el FAD, el Fondo para la Promoción del Desarrollo (FONPRODE) es el nuevo instrumento financiero de que se dota la cooperación española para fomentar el desarrollo mediante recursos AOD, reembolsables (generan deuda externa pública) y no reembolsables, y completamente desligados, en un principio, de los intereses de las empresas españolas. Aunque no hay forma de garantizar que los fondos no puedan beneficiar a empresas multinacionales de dudoso expediente. Por otra parte, a través del FONPRODE se permite y se fomenta el uso de Fondos de Inversión privados (su objetivo es la maximización de beneficios) para la gestión de los fondos destinados a la cooperación de forma que los donantes pierden capacidad de control sobre los proyectos, y se desarrollan proyectos cuyo objetivo es ser rentables sin más.

De la desaparición del FAD surge también el Fondo para Internacionalización de la Empresa (FIEM), que tiene como objetivo dar apoyo a la internacionalización de la empresa española. Este mecanismo está desligado de la AOD y no cuenta con ningún mecanismo específico de transparencia ni de acceso público a la información, de control de los fondos, de participación de la sociedad civil y las comunidades afectadas, de evaluación de impactos ni de rendición de cuentas con mecanismos legales de sanción.

Por otra parte, en lo que atañe a la cooperación para la lucha contra el cambio climático sabemos que la misma se usa para favorecer a las empresas españolas y de otros países donantes a través de estrategias de internacionalización vinculadas a fondos climáticos. El Estado español, que se queda muy por debajo de los compromisos de reducción de emisiones GEI en su territorio, intenta compensarlo a través de los mecanismos de flexibilidad de dudosa efectividad (mercados de carbono a través de fondos multilaterales y apoyo a Mecanismos de Desarrollo Limpio). En lo que atañe a la financiación para adaptación y mitigación, prioriza aquellos fondos gestionados por intermediarios como el Banco Mundial u otros organismos multilaterales como el Banco Europeo de Inversiones. Instituciones que distan mucho de ser los canales más adecuados para la lucha contra el cambio climático, especialmente por la falta de coherencia de políticas internas. Por otro lado, el Gobierno español ha optado en numerosas ocasiones por la cooperación reembolsable.

Por último, pero no menos importante, tenemos la apuesta del gobierno por las Alianzas Público-Privadas para el Desarrollo (APPD). Dentro de este marco nos encontramos con el paradigma de la cooperación empresarial, donde diferentes administraciones públicas han ofrecido también a las empresas convertirse en beneficiarias de recursos de la AOD para implementar sus propios proyectos “de desarrollo”. Así, tanto el Gobierno catalán a través de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo de la Generalitat de Cataluña y ACC1Ó, como el Gobierno español a través de la AECID, han puesto en marcha diferentes convocatorias de subvenciones para promover la cooperación empresarial o proyectos de desarrollo para empresas.

En muchos casos, las transformaciones de las herramientas de Cooperación, están pensadas para dar apoyo a la internacionalización de las ETNs españolas, que se expanden a través de la Inversión Extranjera Directa (IED). La IED es uno de los principales mecanismos de anticooperación. La IED siempre ha sido considerada como motor de desarrollo para los países empobrecidos. En efecto, aunque los flujos de la IED de las ETNs se dirijan a países empobrecidos, la suma de la evasión del pago de impuestos que practican, la falta de control de sus actuaciones por parte de los diferentes gobiernos, la cuestionable creación de puestos de trabajo de calidad, la escasa transferencia tecnológica o la constante vulneración de derechos humanos, laborales y medioambientales, nos llevan a considerar a la IED como un mecanismo de empobrecimiento de millones de personas en el mundo

Ante todo esto, ¿qué podemos hacer nosotras? Decir NO. Y luchar por otro mundo posible.

Como ONGD’s con compromiso de transformación, seguiremos denunciando las políticas y mecanismos que empobrecen e impiden una vida digna para las personas en el mundo. Sabemos que promover campañas destinadas a aumentar los fondos de cooperación, como la del 0,7%, resulta inútil e incluso contraproducente si la mayor parte de estos recursos se destina a actividades empresariales, cuyas consecuencias son el empobrecimiento de millones de personas en el mundo. También denunciamos que en la actualidad se aplica una arquitectura legal que impone el Derecho Internacional Comercial sobre los Derechos Humanos, y que permite que exista una absoluta impunidad de las empresas transnacionales, ya que éstas no están obligadas a rendir cuentas ante ningún Tribunal Internacional por las violaciones de Derechos Humanos y de la Naturaleza. A su vez, el Estado firma y ratifica Convenios Internacionales en pro de los Derechos Humanos para luego fomentar políticas comerciales que expolian los países empobrecidos del planeta.

Es nuestra responsabilidad como ONGDs, la lucha para bloquear todos los intentos de mercantilización de nuestras vidas, construir un modelo de cooperación que persiga la solidaridad, la justicia social y medioambiental desde una perspectiva de clase y género.
Una cooperación que no sólo esté desligada de los intereses particulares de las principales multinacionales y grandes grupos de poder económico y financiero del planeta, sino que trabaje para revertir los efectos que el neoliberalismo tiene en los diferentes ámbitos de nuestras sociedades.
En el actual contexto europeo, en el que se ha acelerado el ritmo de destrucción de empleo y del gasto social, empeorando el acceso a los recursos básicos, observamos la práctica desaparición de las fronteras entre el Sur y el Norte, apareciendo en su lugar un Sur y un Norte Global. Las mismas políticas y fórmulas (Consenso de Washington) que se aplicaron para la erradicación de la pobreza en el Sur, con un fuerte protagonismo de las empresas con ánimo de lucro, y que fracasaron estrepitosamente, se están aplicando hoy en los países del Sur de Europa para enfrentar la crisis financiera y rescatar a la banca irresponsable. Sabemos que los resultados serán los mismos: aumento de la pobreza y de las desigualdades entre pobres y ricos.

Por todo ello, reivindicamos el significado radical de la palabra cooperación, del trabajo bidireccional entre personas, movimientos sociales y organizaciones sociales y sindicales del Sur Global, con la voluntad firme de compartir experiencias y conocimiento, y de fortalecer las resistencias. El paradigma de la COOPERACIÓN se opone al paradigma de la COMPETITIVIDAD, ya que trabajar de forma conjunta y en apoyo mutuo resulta beneficioso para las personas, y en cambio la competencia permanente genera un estado de lucha y confrontación entre los individuos, para que muchos, siempre pierdan. Al mismo tiempo que sabemos que existe gran diversidad de formas de cooperar, sabemos que no son cooperación todas aquellas acciones que generen acumulación de capital. Recogemos la voluntad de ejercer la cooperación como mecanismo de restauración de las capacidades de los pueblos.

Nuestra intención no es volver al modelo imperante en las décadas pasadas, que permitía un modelo de vida en el Norte en base a la expropiación de las riquezas en el Sur, sino que trabajaremos para desvelar que los mismos procesos de expropiación se aplican en el Sur global. El camino hacia la transformación pasa por el trabajo en las comunidades, pero también por la solidaridad internacional. Aprovecharemos el capital cultural, político y social generado a lo largo de estos años, así como las redes de solidaridad, tanto a nivel estatal como internacional, para crear un auténtico contrapoder de, para y por las personas que luche por las clases más desfavorecidas, aportando a los crecientes movimientos sociales en nuestros países un contenido político profundo y la perspectiva global que nos permita una verdadera cooperación. Es por eso que nos unimos para crear una agenda común, que nos permita trabajar unidas y en la misma dirección, enfrentando los nuevos retos que han surgido y aplicando los mecanismos de resiliencia que la naturaleza utiliza para, ante un nuevo escenario, seguir trabajando en pro de un modelo económico y social que permita una vida digna para las personas.

Por eso, entendemos que nuestro futuro tiene que pasar por la autosuficiencia económica, por la concienciación en la calle y la movilización social a nivel local e internacional.
Todo ello con el objetivo de la transformación social hacia un nuevo modelo político, económico y social. Un nuevo modelo que tenga como centro las personas y el planeta. Y esté basado en conceptos como el buen vivir, la economía feminista y el decrecimiento del Norte Global, entre otros muchos, y que rompa con el desarrollismo, la acumulación y el dogmatismo económico neoliberal patriarcal imperante. Es hora de responder a la ideología con ideas, ya que éstas son las que mueven el mundo.


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